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(Spanish) Ecología Negra en Matate Amor de Ariana Harwicz

  • liammagin133
  • 11 minutes ago
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En 2012 apareció la novela Matate, Amor de Ariana Harwicz. En los últimos años, la obra ha conocido una segunda vida gracias a su adaptación cinematográfica, protagonizada por Jennifer Lawrence y Robert Pattinson. La novela narra la historia de una mujer que vive en el campo junto a su marido e hijo y vive una crisis existencial tras la maternidad. Se siente atrapada tanto por las expectativas sociales como por su vida cotidiana. Si los temas de la maternidad, la condición femenina o de la salud mental ocupan un lugar central en la crítica de la novela, este ensayo se interesa por otro aspecto: la función que cumple el no humano. Para analizar el papel de la naturaleza en Matate, Amor, ese ensayo combine dos enfoques ecocríticos: el concepto de ecología negra desarrollado por Timothy Morton y los Animal Studies. Con eso, se puede revelar como la relación entre la protagonista y la naturaleza se revela tanto con ambigüedad como con indiferencia. Además, los Animal Studies permiten entender el papel de las vacas y otros animales que cuestionan los límites entre animales y humanos. A traves de esos dos enfoques, intento demostrar como la novela presenta la naturaleza ni como una simple decoración ni como un refugio o para usar palabras de Stacy Alaimo, “a magic trick” (Alaimo 146) que ayuda a la protagonista.


Tapa del libro (edición 2025), inspirada por la pelicula Die, My Love (Lynne Ramsay).


Ecología Negra:


Antes de dedicar atención al análisis en sí, me parece tanto relevante como interesante introducir brevemente el concepto de ecología negra. El primero concepto importante del libro es lo de “agrilogistics” (Morton 38). Según Morton, ese concepto establece fronteras rígidas entre humanos y no humanos, así como entre lo “normal” y lo “anormal” y se basa en un sistema agricultural con proyecto de eliminar contradicciones e incertidumbre. La agrilogoistics privilegia la existencia, la supervivencia y la productividad hasta el punto de presentar la idea de que solo existe lo que siempre está presente (Morton 47). Porque está concentrada en existir y sobrevivir, la naturaleza está vista como un ciclo armonioso y previsible (como lo de las temporadas) que siempre borra ansiedad y caos (80). Además, para conseguir una lógica de coexistencia con lo más que humano, Morton propone el concepto de “ecognosis”: ser ecológico es pensar en “loops”, darse cuenta de que ser humano también es reconocer que uno está conectado de manera inevitable con el mundo que lo rodea. El ser humano está enredado en la naturaleza, está hecho de material no humano como la materia. Morton describe la existencia de la materia como fantasmas cuya agencia es parcialmente visible, parcialmente oculte (112). En otras palabras, la ecología negra perturba las categorías según las cuales solemos categorizar el mundo, humano y no humano.

Reconocer esa interconectividad también implica entender que no existe un exterior desde el cual podamos escapar de la naturaleza: “there is no away” (46). Lo que se produce permanece en el mundo material, de la forma que sea. De esa manera, se puede concluir que la destrucción del medio ambiente como la serpiente de Ourobouros que se come a sí  mismo. Al intentar dominar y transformar el mundo natural, el ser humano también transforma las condiciones materiales de su existencia.

Por todo eso, la ecología no conduce directamente a la reconciliación o una sensación inmediata de armonía. Lo contrario, puede ser “disturbing”, producir miedo incomodidad y ansiedad antes de ser “sweet like chocolate” (117).


La Fantasía de un Renacimiento y el Malestar:


Antes de que hable de la naturelza en sí, me parece importante desarrollar un tema que funciona como hilo en la novela: el renacimiento. A lo largo de la novela se hace sentir que la protagonista tiene ganas de morirse, de quitarse la vida: “aspiro por la nariz queriendo estar, exactamente, muerta”. Sin embargo, nunca llega a suicidarse aunque podría con coches o cuchillos. Precisamente aquí reside una de las claves del libro. Quiere ser “muerta” dice ella pero eso solo significa que su vida actual debe cambiar porque “todos los días es igual, eh” y se “aburr[e]”(49). Cada día, va “a acostar al niño, masturbar al hombre y dejar la insurrección para mejor vida” (65). La maternidad y la vida con su marido aparecen como una arma que vacía su identidad individual, reduciendo su existencia a una serie de tareas mecánicas. En ese sentido, el deseo de muerte es, en realidad, un deseo de transformación, de renacimiento. No quiere dejar de existir, quiere dejar de existir de una manera que le hace sentir como si no viviera. De cierta manera, rechaza una forma de existir que la fuerza a estar solo una reproductora según una lógica que hace pensar en la de la agrilogistics: existir, no importa como, siempre es mejor que no existir. Esa búsqueda parece terminarse en el desenlace de la novela. Al final, obtiene las claves para su nueva vida cuando se acaba su relación matrimonial: “una tristeza excitante, salvaje” (151). La tristeza permanece pero ya no paraliza. Por el contrario, se convierte esta vez en una posibilidad de nueva existencia que es “excitante” (151).


La propia forma de la novela participa en esa búsqueda de una nueva vida. La obra adopta la forma de un monólogo diario en lo cual la protagonista da voz a su malestar y a pensamientos que nunca podría expresar en su mundo. Por ejemplo, hay pasajes que abordan sus fantasías mórbidas como tirar al perro (44). Esas fantasías no se deben interpretar como deseos reales, sino como un espacio imaginario y escrito para expresar su gana de matar a su existencia vacía. Son pensamientos que nunca podría compartir con su marido que termina reduciéndola al papel patriarcal de la mujer “loca” (53, 134)[1]. Además, el estilo mismo de Harwicz refuerza el sufrimiento de la protagonista. El hecho de que “nada fue corregido” (cubierta del libro) hace que la escritura dé una impresión de inmediatez, sin distancia entre lengua y emociones. El estilo parece caótico, a veces como si fuera “un delirium” y al mismo tiempo es “una puta realidad” para la protagonista (83). De esta manera, la novela no solo cuenta un malestar sino que también lo transmite de manera formal.


La Naturaleza una Falsa Solución?


Para enfrentarse a su malestar postparto, la protagonista desarrolla una solución: la fantasía de un regreso a la naturaleza. Como lo dice cuando está en el hospital: “Quiero que termine de una vez el día, que empiece la noche, que me dejen salir a enfrentar animales” (130). Reconoce en “las bestias” (88) la capacidad de sucumbir “al deseo” del instante (88) que siente haber perdido. La presencia constante de imágenes sexuales asociadas a animales responde a ese sentimiento. Ya al comienzo del libro imagina “a los animales en una orgía, un ciervo, una rata y un jabalí.” (15) mientras que cuando tiene sexo con su marido en el campo, están bajo la mirada de un animal: “El animal hizo el trabajo sucio lamiendo los restos del capó.” (43) Por consiguiente, parece que atribuye al mundo no humano una libertad que no conoce porque, como ya explicado, todo le parece mecánico. Esa experimentación para recuperar espontaneidad también se transmite a su hijo a quien le aconseja “comer los pétalos de las flores”. Le invita a experimentar como niños lo hacen de manera espontánea, con la boca y el gusto (67), antes de interiorizar normas sociales. Con la naturaleza, la protagonista puede vivir el momento. Afirma que mirar al ciervo “es un momento” sin fin, por siempre en el presente, “que dura todavía” (63). La obliga a no pensar, a vivir. Mientras mira al animal, desaparecen por un momento todas las normas de su vida cotidiana.


En cambio, mirar a su marido la hace sentir “como una araña tocada por el agua” (64). El uso de animales subraya la dicotomía en percepción entre animales e insectos. Insectos son “agents of disease, decay, and disappearance.” (Coutts 306) Arañas son insectos tratados como molestias que hay que sacar de la casa, animales que provocan miedo y rechazo[2]. De esa manera, son anormales. Aunque sea ella la protagonista, parece que la pablara “araña” sea dicha por su marido que le ve como una un problema para el sin pensar el malestar de su mujer: “nunca te veo cool. Destrozás todo.” (100) Insiste en que sea “normal, calmate, dice” (100). La trae al hospital para que la protagonista deje de ser un problema en el orden doméstico del mismo modo que una araña irrumpe en una casa. Como el veneno de una araña, las palabras de su marido la atacan y contaminan su léxico.


La protagonista también encuentra compañía en los animales, por ejemplo en las “vacas” a quienes humanos vienen a tomar sus “terneros” (106). El hecho de que Harwicz describe ese momento es significativo. La separación entre las madres y sus crías reproduce también la experiencia maternal de la protagonista que es marcada por dolor, incomprensión y soledad. Con cierta ironía dice que esas vacas son “escandalosas” porque no son capaz de defenderse. Sin embargo, la crítica no recae sobre los animales sino sobre la violencia ejercida por los humanos con respecto a la industria bovina. Además, no está el toro para ayudarlas. Del mismo modo, aunque su marido y ella son una pareja, se siente completamente sola con su maternidad y recibe el epíteto “loca” y la queja de que “nunca estas cool” (100) por intentar pedir ayuda a su marido. Así las vacas representan un espejo de su propia situación: Están solas y reducidas al silencio por normas de poder.


Esa identificación con los animales se intensifica hacia el final de la novela. Se acerca tanto a los animales que alcanza una simbiosis “Imitamos [mi hijo y yo] los sonidos de los animales y fuimos parte de ellos.” (67) Poco después afirma que “Nos respondieron las aves diurnas y nocturnas” (67). La frontera entre animales y humanos empieza a difuminarse. Dicho de otra manera, se puede concluir que el ser humano ya no ocupa una posición separada del resto de la naturaleza. Durante unos instantes, la protagonista forma parte de un mundo hecho de interacciones con lo no humano. En otros términos, se acerca a la ecognosis. Sin embargo, la ecognosis tampoco es fácil de conseguir y ella no sostiene lograrlo:


Algo que detesté siempre de la vida campestre y que hoy saboreo es que uno se pasa el día asesinando. Con el café matutino aparecen las arañas en la pileta, ahogadas ni bien abro la canilla. Algunas más vivarachas se repliegan un buen rato, resisten cerraditas en flor, son las que me animan a abrir la caliente y terminar de reventarlas. En el momento de untar el membrillo llega el turno de las moscas, que nos vienen siguiendo desde la prehistoria y ya es momento de que se extingan. Las encierro en el frasco con un movimiento ágil sobre la tapa a rosca. Después me siento con el bebé en las rodillas a verlas patinarse en el dulce. Tirada en la hamaca electrocuto a las abejas y alecciono a la avispa que osa querer probar de mi carne.


La protagonista se resiste a una interpretación simple de “ve la naturaleza como uno debería”. No, ella también tiene su parte negra. En consecuencia, sus ganas de matar insectos ayudan al lector a notar la diferencia de tratamiento entre insectos y animales más grande. Una cierta ecofobia no cancela la ecología de la novela. Como para resistir a la lógica simple de la agrilogistics, contradicciones pueden existir. Ella no solo es víctima de la agrilogistics, sino  también agente. 


Sin embargo, su fusión con lo más que humano no significa una reconciliación definitiva[3]. Los animales ofrecen compañía, pero no ofrecen soluciones a su sufrimiento. El renacimiento viene gracias a la separación de su marido y gracias a su reconexión a la naturaleza, pero sin que sea una relación armoniosa. Al principio del libro, parece casi deshumanizada “Lo traje al mundo, ya es suficiente. Soy madre en piloto automático” y quiere estar “muerta” (10). La maternidad la ha convertido en una figura mecánica, incapaz de vivir con emociones. Como ya explicado, busca experimentación con la naturaleza para vivir de nuevo. Al final, llega a un momento cuando “miro la naturaleza, ella me mira a mi“ (87). Con eso, atribuye agencia a la naturaleza, la personifica como una fuerza que puede responderle, como lo hacían ya los animales. No obstante, esa agencia y compañía no solo implica solo benevolencia. En otro momento, constata que « La naturaleza se ri[e] de [ella] » (114) Esa frase rompe la imagen de una naturaleza protectora que actuaría como una píldora mágica. Los « pajaros » (66), por ejemplo, no son animales mágicos que la consuelan. Mientras ella tiene “ganas de disparar” (130), “la naturaleza seguía su rito del atardecer” (130). El mundo sigue su ritmo. Narrativamente es un ser distinto que no se define solo desde el punto de vista de la protagonista.



Esa indiferencia constituye uno de los principios que Timothy Morton desarrolla en su Dark Ecology. La naturaleza no es una solución milagrosa que se toma para curarse, no se trata de un “cottage weekend” al campo para curarse. La naturaleza queda indiferente, continua su ritmo sin ayudarla. Del mismo modo, en sus primeros días de tensión con su bébé, ya se siente rodeada “[d]el grito de algún animal” (25). Como lector, se puede pensar que es un antagonista, que el mundo también la abandona pero no. Con eso, la novela ofrece una visión más oscura de la naturaleza. Combate la idea de una naturaleza idealizada, la concepción de una naturaleza que ofrece armonía y soluciones. En su relación con los animales, la protagonista reconoce su pertenencia al mundo natural pero eso no genera mágicamente la llegada de ningún bienestar. Además, Harwicz también insiste en lo inquietante que la naturaleza misma puede ser: “A esta hora en el río pasan vacas flotando con las patas duras hacia arriba, vacas sorprendidas por la corriente en el momento de beber. Esos cadáveres vacunos que vistos desde el puente colgante son piedras u hombres.” (38) Esa reflexión también demuestra que la protagonista admite que seres humanos y animales comparten un mismo mundo, que todos vuelven a la tierra y a lo material. Lo que le da la naturaleza es el conocimiento de un inframundo, un mundo bajo o arriba de lo que la gente puede ver: “puedo ver no solo la sombra de los árboles, su retrato, también los parásitos que se pegan a los troncos. Puedo ver bajo tierra eso que vive cuando nosotros dormimos” (38). Se da cuenta de que vive con otras especies, no fuera de ellas. “there is no away.” (Morton 46) Se da cuenta de que comparte el mundo y de que está conectada con el mundo: “ME RECLINÉ SOBRE LA HIERBA entre árboles caídos y el sol que calienta la palma de mi mano me dio la impresión de llevar un cuchillo con el que iba a desangrarme de un corte ágil en la yugular” (7). El sol tiene agencia y le da la sensación, en su mano, de que lleva una arma. Siente los rayos de sol tocarla. En otros términos, se da cuenta de que ser humano implica ser no humano.


A través de la naturaleza y los animales, se puede ver como Matate Amor construye el malestar de su protagonista en relación con la naturaleza. Lejos de presentar el campo como un espacio idílico o terapéutico, Harwicz propone una naturaleza ambigua, capaz de ofrecer tanto momentos de compañía o libertad como capaz de ser totalmente indiferente al sufrimiento humano. Desde la ecología negra, rompe la idea de una naturaleza armónica que existe para consolar al ser humano. En ese sentido, el renacimiento de la protagonista no es regresar a un estado “natural” antes de ser deprimida, sino a darse cuenta de que está relacionada con el mundo natural en sí. Su relación con animales muestra como la límite entre humanos y animales se borra. Así la novela no se acaba justo al principio de un cambio en la vida de la protagonista, sino que abre una otra posibilidad de imaginar una coexistencia con lo más que humano.

 

 

 

 

 

Bibliografía:

Atwood, Margaret. Surfacing. Virago, 2022. Atwood, Margaret. Survival: A Guide to Canadian Literature. House of Anansi press, 1972.

Coutts, Nicky. “Portraits of the Nonhuman: Visualisation of the Malevolent Insect.” Insect Poetics. Edited by Eric C. Brown. University of Minnesota Press, 2006, pp 298-318.

Harwicz, Ariana. Matate, Amor . Editorial Anagrama, 2025.

Morton, Timothy. Dark Ecology: For a Logic of Future Coexistence. Columbia University Press, 2018.

Alaimo, Stacy. Bodily Natures: Science, Environment, and the Material Self. Indiana University Press, 2012.

 

 

 


[1] Eso también se puede relacionar con lo que dijo la escritora Layla Martinez en una entrevista sobre su novela Carcoma. Martinez compartió su sentimiento que la literatura sirve para exprimir cosas, sentimientos que no se pueden en lo mundo cotidiano.

[2] En “The Life of a Spider”, la artista americana Halsey describe de manera interesante el tratamiento recibido por arañas.

[3] En el caso de la novela Surfacing de Margaret Atwood, si que hay una reconciliación definitiva (lee mi análisis de su novela aquí).

 
 
 

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